viernes, 28 de febrero de 2014

Las reglas del juego a las que atenerse


Tengo una hermana arquitecta, y un día, cuando le enseñé la foto de una nueva pequeña iglesia muy sencilla pero moderna, que vi en una ladera de montaña que daba al mar, y le pregunté si no disfrutaría si le encargasen algo así, me sorprendió respondiendo que no, que lo pasaría muy mal, porque para hacer una iglesia no hay ninguna normativa, y que ella necesitaba unas reglas de juego sobre las que actuar.
En el libro que he explicado que estoy ahora leyendo (“Múltiples estrategias de arquitectura”, Ediciones Asimétricas, 2013), Santiago de Molina anota y luego comenta una frase de Stravinski que quizás me acerca un poco a esa respuesta que para mí resultó entonces incomprensible:
“(…) Siento una especie de terror cuando, al ponerme a trabajar, ante la infinidad de posibilidades que se me ofrecen, tengo la sensación de que todo me está permitido. Si todo me está permitido, lo mejor y lo peor; si ninguna resistencia se me ofrece, todo esfuerzo es inconcebible; no puedo apoyarme en nada y toda empresa, desde entonces, es vana.”

 

jueves, 27 de febrero de 2014

Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis


Ya es muy conocido, pero ahora que surge su nombre, no está de más volver a airear por aquí el visceral discurso que el 12 de octubre de 1936 Miguel de Unamuno, entonces rector de la Universidad de Salamanca, pronunció en su Paraninfo. Así, de paso, quizás pueda compensar algo la frase que ayer transcribí sobre la “gente de la Universidad”:
“(…) acabo de oír el necrófilo e insensato grito de ¡Viva la muerte! Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiados mutilados y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los mutilados a su alrededor.”
Y, ante nuevos gritos en el mismo sentido (“¡Muera la Inteligencia!”, “¡Viva la muerte!”) del mismo Millán Astray y de otros legionarios:
“Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.”
(En la foto, dos amigotes legionarios: Francisco Franco y Millán Astray)

 

domingo, 16 de febrero de 2014

Cabeza tapada


Cuando hablamos de esos sitios denigrantes en los que hay mujeres con la cabeza tapada, embutidas en ropas oscuras todo el día, no estaría mal recordar que por los años 50 (y, de hecho, por algún lado se vio hasta los primeros 80), Català-Roca fotografiaba por aquí (esto en Albaladejo del Cuende, en Cuenca) escenas como ésta….
La foto que tengo en el "Personajes de los años 50" es a doble página, y mi scanner no abarca tanto, por lo que he cogido esta foto que, con sus reflejos, correspondiente a una exposición de Català-Roca en el Círculo de Bellas Artes, está en el blog de Elisa Bayo.

 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Debates televisivos


Alguna vez, yendo en coche, oigo un coloquio. Si hay posturas contrapuestas te mantiene despierto en ruta. En TV, al mediodía, suelo ver el final de “Al rojo vivo”, y disfruto viendo lo facha que es alguno, o como llegan siempre “noticias de última hora”, alguna tirando a tremendista. Hoy, más pronto, lo he cogido cuando iniciaba una larguísima pausa publicitaria, y he hecho zapping, quedándome en un coloquio de “Els matins” de TV3.
Es hasta punto comprensible que por aquí en FB, indignados con alguna cosa, exterioricemos nuestro malestar y, razonando, soltemos algún disparate dialéctico. Pero creo que es absolutamente inadmisible mantener un coloquio de las características del que he pescado hoy en una televisión pública. Si éste es el nivel de los programas más vistos en Cataluña, me echo a temblar, por el poder difunsor de lugares comunes, de “cultureta” mal fundamentada, por la idiotez general que están impulsando, todo con un tono como de tertulia de café después de la comida, en el salón de casa.
¿Cómo pueden lanzar una polémica sin aportar gente sólida, que presente BIEN las posturas confrontadas, y las razones de fondo de unos y otros? Si se lo quedaran realmente en la salita de su casa, pues mira. Pero irradiarla por ahí… Hoy una propietaria de la Diagonal exigía la “libertad” de horarios absoluta, al tiempo que anunciaba lo bonito que iba a ser el pavimento que instalarán en la calle de su comercio. Otra señora se preguntaba por qué “cony” (creo que ha dicho eso) se resisten algunos a que se pueda abrir cuando interese. Y prácticamente todos han llegado a la conclusión de que si los pequeños no quieren abrir el domingo, que no lo hagan, que son libres de ello.
Por otra parte, una antiguamente famosa actriz, después de alabar el poder de atracción de las tiendas de Barcelona para los israelíes que irán al Pirineo (que parece ser que nos van a aportar muchos dineros –muy presentes en todo el debate, los dineros-), y defender que las tiendas abran domingos y fiestas, se indignaba amargamente del cierre del comercio tradicional, que “el Ayuntamiento debía evitar a toda costa”. Vamos: alimentar al asesino, ofrecerle el arma homicida y luego dolerse del finado.
La foto, sacada del Google Images, es de otro día…

 

sábado, 1 de febrero de 2014

Dasrse cuenta a tiempo del ridículo


En los reportajes de “All’armi, siam fascisti” (Lino del Fra, Cecilia Mangini y Lino Micciché, 1962), andaba yo ocupado fijándome sobre todo en esos personajillos secundarios, perdiendo el oremus, serviles hasta la nausea, en cualquier acto público de Mussolini.
Es, en otros términos, desde luego, una postura que se aprecia de forma inusitada también hasta en las empresas más modernas, donde el culto al Jefe ha subido enteros en los últimos años, emulando al culto a la personalidad que tanto se criticaba de los países populistas y dictatoriales.
Miguel Sánchez-Ostiz recurre frecuentemente –ayer la última por el momento- a mencionar cómo por suerte quedan las hemerotecas para recordar este tipo de cosas.
En el mismo film, Franco Fortini (según me ha informado E. Riambau su narrador) les dedicaba alguna hiriente frase, a ellos y a sus hijos, hablando de la vergüenza de verse ahora, años después, haciendo esas cosas, que han quedado para la eternidad.

Un poco de dignidad, hombre. 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...