Alguna vez, yendo en coche, oigo un coloquio. Si hay posturas contrapuestas te mantiene despierto en ruta. En TV, al mediodía, suelo ver el final de “Al rojo vivo”, y disfruto viendo lo facha que es alguno, o como llegan siempre “noticias de última hora”, alguna tirando a tremendista. Hoy, más pronto, lo he cogido cuando iniciaba una larguísima pausa publicitaria, y he hecho zapping, quedándome en un coloquio de “Els matins” de TV3.
Es hasta punto comprensible que por aquí en FB, indignados con alguna cosa, exterioricemos nuestro malestar y, razonando, soltemos algún disparate dialéctico. Pero creo que es absolutamente inadmisible mantener un coloquio de las características del que he pescado hoy en una televisión pública. Si éste es el nivel de los programas más vistos en Cataluña, me echo a temblar, por el poder difunsor de lugares comunes, de “cultureta” mal fundamentada, por la idiotez general que están impulsando, todo con un tono como de tertulia de café después de la comida, en el salón de casa.
¿Cómo pueden lanzar una polémica sin aportar gente sólida, que presente BIEN las posturas confrontadas, y las razones de fondo de unos y otros? Si se lo quedaran realmente en la salita de su casa, pues mira. Pero irradiarla por ahí… Hoy una propietaria de la Diagonal exigía la “libertad” de horarios absoluta, al tiempo que anunciaba lo bonito que iba a ser el pavimento que instalarán en la calle de su comercio. Otra señora se preguntaba por qué “cony” (creo que ha dicho eso) se resisten algunos a que se pueda abrir cuando interese. Y prácticamente todos han llegado a la conclusión de que si los pequeños no quieren abrir el domingo, que no lo hagan, que son libres de ello.
Por otra parte, una antiguamente famosa actriz, después de alabar el poder de atracción de las tiendas de Barcelona para los israelíes que irán al Pirineo (que parece ser que nos van a aportar muchos dineros –muy presentes en todo el debate, los dineros-), y defender que las tiendas abran domingos y fiestas, se indignaba amargamente del cierre del comercio tradicional, que “el Ayuntamiento debía evitar a toda costa”. Vamos: alimentar al asesino, ofrecerle el arma homicida y luego dolerse del finado.
La foto, sacada del Google Images, es de otro día…

No hay comentarios:
Publicar un comentario