Me temo que ya no se pueden ver los partidos de dobles de torneos de tenis. Siempre habían tenido más de exhibición que de rivalidad deportiva, pero ahora que la cosa de la motivación y tal está en primera línea…
En los partidos de tenis individuales retransmitidos los realizadores televisivos tienen costumbre de enfocar frecuentemente al equipo entrenador de uno a otro equipo. Si a eso se añade que en el sistema de audio que escojo no se oye a los periodistas o “expertos” contratados por la tele que ha pagado los derechos de retransmisión, sino únicamente un sonido ambiente que se nutre de micrófonos cercanos a los palcos de los entrenadores, es inmediato deducir que el trabajo de esa gente debe seguramente reducirse a dar ánimos al tenista sin desfallecer, ya sea mediante un gesto de confirmación de cabeza, ya sea con el sobado “¡vamos!”.
Me burlo un poco del trabajo de toda esta tropa de entrenadores (he llegado a ver palcos con hasta cinco, todos con gesto de concentración en el rostro, pendientes del resultado de su jugador, que es el que les permite seguir viviendo con holgura en este mundo), pero al menos, en partidos individuales, es verdad que se ve que la carga mental del jugador, ahí sólo en la pista, se descubre fundamental para poder salir victorioso.
Cuando pasamos a los dobles, la cosa es diferente. Cada jugador tiene a su lado de la red otro jugador, con el que ha de coordinar su juego para encauzar el partido. Antes se veía, siguiendo este tipo de partidos, quien de la pareja era el que tenía una personalidad más dominante y quien se dejaba llevar por la dirección del otro. Pero ahora, con todo ese sistema imperante, se pasan el día chuchicheándose cosas tapándose la boca y dándose palmaditas de manos, ya sea tras una jugada exitosa o de una pifia estrepitosa. Todo, para mantener y hacer ver que el ánimo se mantiene en lo más alto.




