martes, 20 de julio de 2021

Incendios


Quizás sea la polémica sobre el incendio en el Cabo Creus, con ese juego general seguido con profusión de hacer como si nada bueno pudiera venir de más allá del Ebro, el que me ha incitado a leer, en “La nova geografía de la Catalunya postcovid” (Societat Catalana de Geografía), un artículo sobre un tema que normalmente no me apela demasiado a la lectura, como es el de Xavier Úbeda sobre el fenómeno de los grandes incendios forestales (GIF: cuando se queman más de 500 ha).
No es que aporte datos para cargar munición en la polémica suscitada (yo, con que quede clara la mentira y el interés que la suscita, conjuntamente con hacer visible ese juego hipócrita de pavonearse de lo que hace uno y ocultar lo que hace “el otro” si no es para criticarlo, ya me siento satisfecho: a ver si termina de una vez). Es porque explica cosas de esas tan atractivas (al menos para mí), que hacen ver que no sea aconsejable simplificar las cosas en plan titulares de periódico, sino que hacen evidente la gran complejidad, con sus ramificaciones y efectos colaterales, de toda intervención. Traduzco del catalán un par de frases del artículo:
1/ “Se apunta entonces que a los incendios se los ha de hacer frente desde su inicio, para no dejarlos quemar y así se hace. Pero ahora sabemos que este hecho ha resultado contraproducente, porque se ha eliminado el papel ecológico del fuego y la vegetación, llamada “combustible” en términos de los bomberos, se ha ido acumulando. Esta situación conforma la “paradoja de los incendios”: cuanto mejores somos apagando incendios, más acumulación de combustible habrá y más grandes serán los que escapen a la capacidad de extinción.
2/ “El hecho de que un bosque lleve muchos años sin quemarse puede parecer un hecho positivo, pero también puede tener sus efectos adversos. Uno de ellos es la gran competencia que puede establecerse entre los individuos del bosque y afectar a la salud de los árboles. También se ha comprobado últimamente que los bosques en los que no ha habido ninguna perturbación tienen la capacidad de acumular gran cantidad de materia orgánica en el suelo y eso podría provocar, en caso de incendio, focos de subsuelo que pueden ser muy difíciles de extinguir y pueden provocar fuegos secundarios, muchas veces incluso al cabo de semanas desde su extinción.

La fotografía la he sacado de “O que arde”, que debió ser, seguramente, un GIF. 

lunes, 5 de julio de 2021

Resilencia


Andaba yo arrugando la nariz cada vez que oía el palabro: “Resiliencia”. Como realmente aparece ahora hasta en la sopa, eso representaba mucho arrugar la nariz. Eso ha hecho que me animase ver que no era el único en reaccionar de ese modo.
Me había saltado la lectura del Le Monde Diplomatique de mayo y ahora, al caer en ello y abrirlo, veo un artículo de Evelyne Pieiller empeñado en abrir la alerta ante el uso de la palabra… y el fomento de su aplicación.
Como dicho antes: “La palabra ‘resiliencia’ está, por así decir, hasta en la sopa. Las instituciones internacionales, el mundo de las finanzas, la gestión y la sanidad pública, los economistas, urbanistas y climatólogos: todos la utilizan. A los políticos les encanta”. Y aquí nombra para confirmarlo a Biden, Macron y hasta al Foro Económico Mundial de Davos.
Dice la articulista que posiblemente el concepto nazca del psiquiatra Boris Cyrulnik, autor de libros de autoayuda que, se ve, están arrasando en ventas. “Cyrulnik define la resiliencia como ‘la capacidad para lograr algo, vivir y desarrollarse de manera positiva, de manera socialmente aceptable, a pesar del estrés o la adversidad que normalmente conlleva el grave riesgo de un resultado positivo”. De modo que ya volvemos a estar en la mandanga esa multipresente, de mantener una actitud positiva pese al bombardeo de desgracias inducidas. El Perich ya la vio presente hace un montón de años y nos puso en alerta sobre su divulgación, con aquel obrero con cara de pocos amigos que, en vez de llevar en su camiseta aquel monigote de una cara sonriendo que se puso de moda, llevaba una con cara de pocos amigos, mientras decía:
-Estar a la moda, sí. Pero hacer el idiota, ni hablar.
Pieller advierte: “Se trata de una operación muy exitosa de celebración de la magia de nuestros recursos, que maquilla ‘la adaptación permanente del sujeto en detrimento del cuestionamiento de las condiciones de su sufrimiento’. (…) La promoción de la resiliencia como difuso modelo de provechosa superación de adversidades, del resiliente como héroe modesto que ha reconocido y transformado sus fragilidades, es un arma ideológica y política ideal. De hecho, actualmente es presentada y aclamada como la solución para superar tiempos difíciles.”
Atentos, pues.
(La imagen la he sacado de educaciontrespuntocero.com)

 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...