miércoles, 30 de abril de 2014

Sonrisa sardónica


Puestos a poner fotos de Cerdeña, el país de los sardos, qué mejor que colgar una sonrisa sardónica…

 

jueves, 24 de abril de 2014

25 de abril

 Un hurra por el cabo José Alves Costa, que no hizo caso de la orden del general de brigada, y se encerró en la cabina del tanque.

viernes, 11 de abril de 2014

Teleoperadores


Lo explica –muy bien, por cierto- Ignacio Ramonet en el número de abril de “Le Monde Diplomatique en español”:
“Las redes ADSL actuales (…) ya están casi saturadas. Por eso, en este momento, el movimiento general de las grandes firmas de telecomunicaciones (y también de los fondos de capital riesgo) consiste en buscar a toda costa la fusión con los cableoperadores cuyas ‘viejas’ redes de fibra representan, paradójicamente, el futuro de las autopistas de la comunicación”
“Este contexto tecnológico y comercial explica la reciente adquisición, en España, de ONO, el mayor operador local de cable, por la firma británica Vodafone a cambio de 7,200 millones de euros. (…) El 60% del capital de ONO ya estaba en manos de fondos internacionales de capital riesgo sabedores (…) que las firmas gigantes de telecomunicaciones desean adquirir, a cualquier precio, a los cableoperadores.”
“En todas partes, los fondos buitre están comprando los operadores de cable independientes con el propósito de realizar importantes plusvalías al revenderlos a algún comprador industrial. Por ejemplo, en España, los tres operadores de cable regionales –Euskatel, Telecable y R- han sido objeto de adquisiciones espectaculares.”


 

martes, 8 de abril de 2014

El Hard Rock y los seminolas


He pasado esta tarde por delante del Hard Rock Café, y me he asombrado de la larga cola de turistas que esperaban entrar. He atado cabos: Los del Hard Rock Café serán unos de los propietarios del Barcelona Word, ese gran proyecto de desarrollo estructural catalán, con impuestos bajados al 10%, algo menos que los de cualquier mortal. Decía el diario que invierten ahí porque su local de Barcelona es el que recibe más clientes por metro cuadrado de toda Europa, y ven que esto es una mina.
La sorpresa me la ha dado un amigo, diciéndome lo que ha descubierto estos días leyendo precisamente sobre este tema: Los propietarios del Hard Rock Café son nada menos que los indios Semínola, un pueblo que aún no ha firmado la pipa de la paz con los blancos, que los expulsaron de sus tierras de origen, debiéndose ellos refugiar en unas inhóspitas, pantanosas y alejadas tierras. Allí, combatiendo con enfermedades, viviendo muy malamente, han sobrevivido hasta nuestros días unos 4.000.
Pero la historia se retuerce y acaba con algo que aminora en parte la desesperación por la desgraciada historia ésta del Barcelona Word: La serie de TV “Flipper”, la del delfín, popularizó los terrenos pantanosos de los indios semínolas, que aprovecharon el tirón construyendo algún hotel. A partir de ahí, fueron enriqueciéndose, hasta la compra de Hard Rock, un negocio se ve que boyante, porque por todo el mundo se comen ya las mismas porquerías. Y que da para invertir de lo lindo en Barcelona Word y en cualquier animalada a base de casinos, hoteles, comida de esa o lo que les echen.
Mi amigo me comenta que se ha alegrado por ellos, y yo también. Es una especie como de justicia poética hacia lo que eran unas pobres víctimas. Ya es hora que sean ellos ahora los que victimicen a otros.
En la imagen, el gran jefe Osceola, pintado por Robert J. Curtis.


 

jueves, 3 de abril de 2014

En el relojero


Ayer me hice amigo del relojero de mi barrio. O, cuando menos, aprendí de él un montón de cosas. “No suena la alarma y ahora he visto que retrasa; quizás sea la pila”, le digo. Se lo queda mirando a media distancia, muy concentrado y responde con seguridad: “Sí, la pila se está acabando”.
Me ve entonces con tal cara de pasmado, boquiabierto, que añade:
- Fíjese que en este segundero (uno que nunca miro) la aguja salta ahora de dos en dos, en vez de hacerlo de uno en uno. Es la forma que tienen de avisar que a la batería le queda poca carga. Sólo hacen eso los relojes suizos (me entero entonces de que mi reloj es suizo).
Se pone a abrirlo y, tras sacar la batería antigua, continúa descubriéndome mundos inexplorados:
- Esta batería se la pusimos aquí hará unos dos años.
- ¿Le ponéis algo dentro? – inquiero, sin conseguir dejar la boca cerrada del todo.
- Sí. Tenemos estos métodos.
- Eso es lo que se le llama una cookie –le suelto yo, para que vea que estoy bregado en nuevas tecnologías.
Como también le pido un cambio de correa, me extiende el muestrario de color marrón. No encuentro ninguna igual, pero escojo una más o menos parecida a la que llevaba, quizás más viva, que se pone a instalar.
- Ésta que saco también se la vendimos nosotros.
- Sí, lo siento: Soy gente de costumbres.
- Siga así, que va bien. Yo también. Con decirle que toda mi vida he ido al mismo peluquero…
- Yo no fallé al de mi barrio de infancia. Fue él que se murió.
Porque llegaba tarde a una cita, que si no me pongo a explicarle mi teoría del peluquero de barrio como espejo, que saqué tras la contemplación de “Le mari de la coiffeuse”. Me dice cuánto le debo y me lo redondea bien redondeado a la baja.
- Por habitual – le digo agradecido, despidiéndome.
- Eso es, agradecido.
- Agradecido yo, por aprender tanto del estado del arte, los avances técnicos de todo esto.
(De la fotografía que pongo -el que sale no es mi relojero- sólo sé que es de un tal Antonio, y la he sacado de un fórum de “digireflex.net”, dentro de un trabajo colectivo que hicieron sobre el relojero del barrio, parece.


 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...