Esto de asignar un número a un edificio sirve para resolver asuntos de diversa índole de la vida urbana. Colocado de forma visible junto a la puerta de acceso, ayuda un montón al cartero (o al mensajero, o a quien sea) a entregar su carga en el preciso emplazamiento de su destinatario.
Este número tres colocado en esta encalada valla me ha confirmado que los del Empordà, y más concretamente los de L’Escala, son gente muy peculiar. Está colocado en la parte alta de la extensa pared de piedra, pero por el medio de la misma, sin que haya cerca ningún acceso al interior de la finca. Eso ya es raro. Pero además: ¿quién estará interesado en enviar algo a los residentes del cementerio marino, si están ahí muertos y guardados hace ya tanto tiempo?
