viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidades en Córdoba y Sevilla

Junto a San Nicolás (después de haber recorrido la calle Conde de Gondomar)

No me gustan los villancicos, y menos donde vivo. Aquí, cuando se oyen, suelen corresponder a voces de niños aflautadas y penetrantes, que repiten una y otra vez el mismo sonsonete de tres o cuatro canciones, que son las que se conocen. Recuerdo una vez que fui -ya sé: una temeridad que nunca debía haber afrontado- al Centro Comercial La Maquinista, cuando hacía poco que se había inaugurado. Se acercaban las fechas de Navidad y, pese a que era temprano y no había gente, e iba soportando más llevaderamente de lo que pensaba la apuesta, porque la retahíla de locales comerciales se iban pasando por unas terrazas al exterior, sin techo alguno, empecé a ponerme nervioso. Por los altavoces sonaba sin interrupción un coro de niños entonando villancicos para fomentar el consumo. Una terrible encerrona, que hizo que casi me estallara la cabeza.
Por eso me sorprendió, y muy agradablemente, los que se oían a la que se ponía el sol por calles y plazas céntricas de Córdoba -y luego también, pero menos, Sevilla-. No era música grabada, sino en vivo. Y no de gente que se dedica a ello, sino alegres grupillos de adultos (tirando a mayorcillos, no escolares obligados) que con el color de alguna prenda como elemento más o menos uniformizador, Iban yendo por las calles y plazas, se paraban en un rincón y arrancaban a tocar, cantar y -si se terciaba- a bailar, congregando a un nutrido grupo de espectadores.

Plaza de las Tendillas.


Calle Cruz Conde esquina con la Ronda.



Ya en Sevilla

Sevilla.

Ahí, en esa calle de Sevilla, como se ve, ya son niños, y además sospechosamente uniformados. No nos quedamos.

Sevilla.

Y más Sevilla.
 

lunes, 21 de diciembre de 2015

Resultados electorales


Buscando por la noche algo más que los resultados globales, valoraciones de los mismos, sólo doy en la tele ya con los coloquios de TVE ¡y de la 13! Sumadas a las opiniones de algún soberanista que viene a decir "¡ja s'ho faran!" (Algo así como: "No tienen remedio" y un anuncio de ya no nos interesa esa guerra, que para nosotros acabará el día 27), tienen la virtud de ponerme de malhumor, y no he dormido bien pensando en las diferentes posibilidades surgidas, las más evidentes de mal llevar.
Habrá que intentar refugiarse en las verdades sencillas, e ir sobreviviendo.

 

viernes, 18 de diciembre de 2015

+Humans


Lo tengo comprobado. No me suelen interesar mucho las exposiciones "científicas" del CCCB. El año pasado fue Big Bang Data. Este año +Humans. Deben estar bien, porque entusiasman a mucha gente, pero algo se me atraganta, y no les presto la atención que seguramente merecen. De esta última esta semana sólo me atrajeron las imágenes de nuestra sociedad actual pero de esas demoledoras, estilo "Blade Runner", casi me indigné con ese ataúd que recoge los fluidos del muerto para cargar con ellos unas baterías y cuando me escapaba volví al tipo de imágenes anteriores, al ver a la pobre empleada ahí, solitaria en medio de la nada, en su puesto de control.
Al salir, las Filipinas del barrio seguían en el patio bailando conjuntadamente, viendo cómo se reflejaba su imagen en el cristal.





 

Papá Noel


Una señora le explicaba a otra, en el autobús, que estaba mal hecho. Que Papá Noel es gordo, y a éste lo habían sacado muy delgado...
 

viernes, 4 de diciembre de 2015

Los croissants chafados de Sabadell


No son exactamente iguales, pero sí son también buenísimos. Cerró el Forn Sant Jaume y Sabadell perdió uno de sus máximos atractivos: los croissants de esa cafetería de la Rambla. Hay otras opciones hasta más sanas para desayunar, pero esos croissants no tenían igual. Tenían un cuerpo desproporcionado, casi enano respecto a unos cuernos enormes, aplastados y crujientes. Lo ideal para aquellos que, apreciando el pan interior de un croissant hecho recientemente, se pierden por sus cuernos y siempre andan mendigando uno.
Solicité en varias ocasiones a mi corresponsal en el Vallés que averiguara a dónde habían ido a parar esos croissants, que debían proceder de un horno que no tenía por qué haber cerrado. No daba con ellos, hasta que esta semana me comunicó por sorpresa la buena nueva. El aprendiz del que hacía esos croissants del Forn Sant Jaume había pasado a elaborar los del Culleretes, en la misma Rambla, más abajo. Su perímetro y proporciones son los mismos. Sus patas, aunque siguiendo el mismo concepto, pues se abren igual, no están tan aplastadas, y sus capas se elevan perpendicularmente. Eso hace que puedas mojar en el café con leche cada cuerno del croissant unas cuantas veces, ofreciendo una ingesta quizás algo más consistente.

Se acabó el hacer bondad, intentando evitar un buen barrigón. 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...