Un puente. Un puente sobre el Bósforo, que escenifica la unión entre Europa y Asia, pero que posiblemente haya marcado la separación entre ambas, ha sido en casa el protagonista de esta noche.
Ese puente ha estado en la pantalla de Euronews ahí fijo, dejando ver el flujo de vehículos en un sentido, haciendo notar su ausencia en el sentido contrario. Como se ha tratado de una muestra de cine actual, ese plano general ha estado ahí, inamovible, mucho rato. Al volver al canal al cabo de un tiempo he visto que la cámara era la misma, pero alguien le había hecho hacer un zoom, de forma que se seguía viendo el color rojo (Asia) y el azul (Europa), pero también mucho mejor los detalles: la circulación entonces inexistente en ambas direcciones, salvo algún esporádico coche de tanto en tanto, unas sombras en un lado de la oscuridad que podía interpretarse como un camión militar, con tímidas barreras.
Ha sido entonces cuando hemos notado que la cámara tenía sonido y, aunque el locutor que iba leyendo las notas de agencia no decía nada sobre ello, unos repiqueteos daba toda la impresión de que correspondían a disparos de arma ligera, como más tarde se oiría el sonido de las orugas de un carro de combate.
Ha vuelto a pasar el tiempo y, milagrosamente, la cámara ha descrito una panorámica hacia su derecha, dejando entonces ver claramente que el sonido no mentía. La banda sonora ha empezado entonces a dejar oír clamores de gente, envalentonándose unos a otros, hasta que, pasado otro tiempo, se ha visto avanzar en sentido hacia Europa un grupillo de gente. Cuando ya era más nutrido se ha oído otro repiqueteo de balas y, finalmente, corridas, gente lanzándose al suelo, etc. Y vuelta a empezar.
Paro aquí. Esta mañana, al poner de nuevo el canal para ver si el giro que ésta y otra imagen iban dando a entender de la intentona eran ciertos y cómo había acabado todo, he visto la representación formal de la Unión Europea, condenando el golpe y su apoyo al orden establecido y a la democracia. He sabido, pues, que ya todo había vuelto al redil. He ahí una declaración bien hipócrita, que ayuda a vaciar de contenido este tipo de declaraciones, pues está claro que el gobierno de Erdogan, con su deriva brutal hacia otro modelo de sociedad, no agrada en absoluto a la Unión Europea, y ésta es una declaración que han lanzado tras mucho esperar en qué acababa la cosa, para guardar los muebles.
Un golpe de estado no es la forma con la que acabar con ese viaje que no agrada a Europa, que debía convencer a la gente precisamente por todo lo que está abandonando ahora con precipitación, y la reacción a los atropellos criminales de Niza es un ejemplo más, diría yo.
Ahora, en mi opinión, pintan bastos. El contrapoder salvaguardia del laicismo que curiosamente suponía el ejército en Turquía va a ser apartado radicalmente, y me temo que le van a hacer pagar muy caras esas víctimas humanas lanzadas a la calle por la proclama de Erdogan. Y la represión no creo que se quede únicamente en el ámbito militar. Pienso, por ejemplo, en qué hará, qué podrá hacer, una inteligente directora de cine turca con la que volvía en tren hacia el aeropuerto de Ginebra tras haber coincidido en un festival de cine suizo. Pintan bastos. Reina la demagogia. Vamos hundiéndonos.
