domingo, 29 de diciembre de 2019

La última monarquía absoluta de África”


He ido a mirar si la cosa sigue igual, porque he leído el artículo -“La última monarquía absoluta de África”, de Alain Vicky- en Le Monde Diplomatique” (agosto 2018) con un cierto retraso..., Pero nada: al parecer no hay quien mueva situaciones como ésta.
Siempre suena curiosa la existencia de un estado como Suazilandia, que ya se estudiaba en la geografía política de tiempo ha como país suministrador de mano de obra para las industrias de la vecina Sudáfrica. He hecho una actualización de fichero leyendo ese artículo, que habla no de un estado curioso, sino directamente vergonzante. Veamos (todos, datos del artículo):
1,3 millones de habitantes, con una monarquía absoluta a cargo de Mswati III desde 1986.
Curiosidades llamativas: Cuando se escribió el artículo se acababa de construir su flamante y costoso aeropuerto internacional (solo con tres vuelos diarios con Sudáfrica) y una desierta autopista de cuatro carriles desde ese a la capital.
El monarca y su numerosa familia, una burguesía dedicada al comercio exterior, inversores sudafricanos y unos cuantos blancos ex-colonos dominan el cotarro, apoyados con una policía que se lleva el 5% del presupuesto nacional, del que otro 5% va a parar al ejército y un 8% para pagar a su rey. Él designa directamente a 10 diputados y a casi todos los miembros del senado.
Es el único país africano que mantiene el reconocimiento de la China Nacionalista, y eso le supone ciertas ayudas económicas por parte de Taiwán. Por lo demás, la caña de azúcar representa el 18% del PIB. “El 63% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, el 20% es portadora del VIH, la esperanza de vida no supera los 49 años... (...) Solamente hay doce ambulancias públicas en todo el país. Las escuelas de educación primaria no pueden garantizar ya el servicio de comedores, las estanterías de las farmacias están vacías”.
Mswai III es un ejemplar singular: “polígamo -iba ya por su 14 esposa, reclutada en una fiesta en la que ‘invitan’ a enviar a todas las hijas de buen ver de la población- y obsesionado con la virginidad, prohibió el divorcio y llevar minifalda. Este moralismo casa con el discurso de las iglesias evangelistas a las que apoya, pero también con la tradición local”. “Cree en el poder del ‘muti’ (brujería)”.
Los occidentales parece que viajan bastante a Suazilandia para asistir a las ceremonias tradicionales, como el Umhlanga, organizado por Mswati III para ver si pesca una nueva virgen para su ya amplio harén.
La fotografía del orondo Msawati III la he sacado de Wanáfrica News y la del Umhlanga que había puesto era de YouTube, pero he visto que lo de la política de aversión a los desnudos (¡más intensa que la de Msawati III y la de YouTube, que ya es decir) también me afecta a mí y me han enviado inmediatamente un aviso de que incumplía no sé qué estupendo principio moral de la compañía. Lo he sustituido entonces por és ya otra, de Swazi Travel, espero que más discreta desde ese punto de vista, porque las correas y cintas tapan bastante los pezones de las de la ceremonia.


 

martes, 17 de diciembre de 2019

La sofocante decoración inicia la lista de agravios

En tiempo de inmersión y ahogo en las entrañables fiestas, debe cansar también la retahíla de quejas sobre el famoso —hasta en la sopa— espíritu navideño, por lo que hay que ir con sumo cuidado hasta en los exabruptos, no vayas a fastidiar en demasía. A la que te descuidas parecen llevar ellos también incorporado el almíbar ese pegajoso, tan asociado a la estación. Y el almíbar en exceso no sólo es malo, sino que hasta alcanza el nivel de lo perverso. (Aquí debía venir una explicación etimológica que reforzara la frase acentuando la diferencia de sentido —o al menos graduación— entre los dos calificativos, pero por una vez en que he acudido al Corominas, el viaje ha sido en balde: el adjetivo pernicioso/a ni siquiera aparece mencionado).


Me explayaré, pues, para no fatigar, solo en contra de una única cosa navideña, si bien ha de quedar claro que podría extender la lista de agravios un montón.


Aunque ya a estas alturas es como clamar en el desierto, el objeto de mis iras es la decoración que me inflige en casa, llegadas estas fechas, mi familia. Empezó mi mujer (“para las niñas, que les gusta”) colocando un belén en un momento de notoria debilidad —o vete a saber si viaje de trabajo— mío. Luego cada año, vía mercadillo de Santa Llúcia, caía una pequeña pieza accesoria. Debo decir que con el tiempo la cosa se volvió casi inocua y hasta yo participé en la amalgama de la colección comprando algún raro ejemplar por ciudades exóticas. Reconozco que inicialmente con cierto interés irónico-blasfemo aporté alguna que otra pieza que o bien extremaba la iconografía (un malvado diablo) o buceaba por otras latitudes (un cura “chovendo” gallego, un miembro de una banda musical, un cocodrilo,…) para evidenciar lo anacrónico o, directamente, la anarquía del conjunto, con lo que ahora el belén resultante es de lo que menos me agobia del conjunto decorativo temporal.


Pero la cosa, desgraciadamente, no acaba aquí. En justa correspondencia con mis dejadeces educativo-familiares, mis hijas —sobre todo una de ellas— disfrutan de lo lindo con todo lo navideño —reuniones familiares excluidas— y se han volcado siempre en la tarea de decorar la casa para la ocasión. Es más: yo pensaba que eso se acabaría cuando abandonaran —como han hecho ya hace un tiempo— el nido familiar, pero resulta que ni hablar: la más recalcitrante, aunque apenas pone los pies por casa, se persona, cuando las fatídicas fechas se acercan, a montar con su hermana el belén, pero también, y además, a decorar la parte exterior de la puerta del piso (¡que se enteren los vecinos!), colgar estrellas y demás artilugios de umbrales y techos para recordar a fuerza de coscorrones de qué temporada se trata y llenar las ya habitualmente excesivamente saturadas superficies horizontales de la casa con un venga aquí ese reno, pon acá este arbolito, acullá esa tremebunda decoración.


A veces me pregunto qué traumas de falta de amor paterno-filial se habrán dibujado por su cabeza para infligirme periódicamente este ahogo a mí, que apenas si respiro, me ahogo irremisiblemente, entre ese tipo de decoración. Más si, como últimamente, saliendo de casa para respirar aire fresco, te encuentras por las calles con más belenes, decoraciones y bandas sonoras de esta o de otra clase.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Puerta


¿A quién debió abrir paso esta puerta? Ahora, a posteriori, imagino varias posibilidades:
- Don Ezequiel Maldonado Sorozóbal, apoderado de la Compañía Subsidiaria de Fuerzas Eléctricas Motrices del Noroeste, y su distinguida familia.
- Claudio Restrépez, fugitivo de la Guardia Nacional, refugiado en el edificio (que ya no era lo que era) por Don Próspero Ramírez, anciano librepensador, desengañado, a su ya provecta edad, de la justicia que se imparte en este mundo.
- Madame Olivia Bermúdez, regentadora de la mancebía más frecuentada de todo el arrabal.
Dudo entre todas estas posibilidades, aunque no niego alguna más.

 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...