Al principio había gente que apuntaba hacia el Ayuntamiento.
Una convocatoria no demasiado divulgada, bastante sensata ("Hablen Vds para ver si llegan a un acuerdo mínimamente asumible, en vez de liarse a porrazos o lanzarse al abismo arrastrándonos de paso a todos") y con poca cosa reprobable, pedía una concentración a las 12h ante el ayuntamiento de cada uno.
En Barcelona, la Plaza de Sant Jaume estaba llena, pero no atiborrada (se podía circular de un lado a otro con cierta facilidad). Al principio la gente miraba hacia la feísima
fachada del Ayuntamiento, pero al poco rato casi todo el mundo ya le daba la espalda, dirigiéndose al edificio de enfrente (el de la Generalitat) que, además de tener una fachada infinitamente mejor, era un punto de destino bastante más apropiado para la petición que se estaba cursando.
Sin organizadores visibles, sin líderes políticos que lanzaran sus proclamas, los asistentes han estado algo huérfanos, deslavazados, sin saber cómo estructurar y hacer que funcionara la cosa (lo que, por otra parte, podría ser simplemente un reflejo de lo que ocurre en el mundo real), gritando alguna frase que no acababa de entenderse bien mientras una ola auditiva la cambiaba por otra, de tanto en tanto dando palmas, secundando algún gesto más o menos afortunado o simplemente quietos, esperando a ver qué podía ser lo siguiente y mirando a todos lados a ver si por ahí se mascaba algo.
Cuando pasaban unos veinte minutos de las 12h, por dónde estaba han arreciado los aplausos, en esta ocasión con gran entusiasmo. Era una pareja de novios que cruzaba de un lado a otro la plaza. Ella sí que iba de arriba a abajo vestida de blanco.
Tras una tanda de aplausos y extensiones de brazos general que me han parecido algo así como definitivos, hemos emprendido el regreso, xino-xano -que se dice por aquí-, a casa.

Pero al poco rato ha habido un giro estratégico hacia la Generalitat.
Y ya nadie apuntaba hacia el Ayuntamiento.
Los receptores de más aplausos, está pareja de novios que ha cruzado por ahí. Ella iba totalmente de blanco. Estaba sorprendida y riendo un montón.
Este señor tenía en su cabeza un cartel en castellano y catalán (lado y lado), y en otros idiomas en otros colores.
Un gran aplauso sonoro, y después éste con el lenguaje de los sordos (del que también se ha utilizado repetidamente el gesto de "hablemos") me ha dado la impresión que casi venía a despedir el acto.
Marchando, me ha hecho gracia ver a un guía explicando a distancia las cosas de la plaza, ante un grupo de cariacontecidos y algo asustados turistas.