miércoles, 30 de junio de 2021

Las nuevas vías de tránsito comercial de China


El otro artículo de Política & Prosa de este mes de junio que me ha dejado boquiabierto es el de Miquel Vila sobre las nuevas vías de tránsito comercial que está abriendo la China.
Hay por un lado esos pintorescos inicios de un tren kilométrico de mercancías que enlaza China con Europa y otras iniciativas que hablan de una nueva ruta de la seda, pero la operación actual más exitosa es la que ha abierto un corredor económico China/Pakistán, para cargar mercancías en el puerto de Gwadar, a las puertas del golfo Pérsico, obviando de ese modo todo el paso por unos mares en litigio con países tradicionalmente enemigos, como Japón o la India y cuellos de botella como el congestionado de Malacca.
La ruta del Ártico, por otra parte, también está en cartera.
Para lograr y proteger todo esto, explica Vila, la China es hoy en día el mayor constructor de barcos del mundo (40%) y se ha hecho con la gestión de puertos como El Pireo, a través de una compañía -COSCO- que gestiona terminales en los puertos de Valencia o Algeciras. Otra compañía de Hong Kong, Hutchison, tiene base en Barcelona.
No solo eso: ha incrementado su armada naval hasta superar en número de barcos a la de Estados Unidos, perdiendo el miedo que podía tener a su flota.

(La fotografía del puerto de Gwadar el año pasado la he sacado de AsiaNews) 

martes, 29 de junio de 2021

Portacontenedores


He leído en el “Política & prosa” de junio un par de artículos que me confirman que es adecuada mi decisión de seguir comprando la publicación.
El primero va -no hay que asustarse, porque un tema tan poco agraciado como éste puede poner en evidencia muchísimas cosas sobre nuestro mundo actual- de contenedores. Tras señalar los puntos débiles de su red de circulación mundial, esos sitios donde puede producirse un tapón como el que hubo hace poco en el Canal de Suez, que llegó a dejar desabastecido el suministro de unos cuantos productos y aumentado el precio de otros cuantos durante un tiempo, ofrece una serie de datos muy interesantes sobre un aspecto muy concreto de la globalización, “sustentada en la marina mercante y los contenedores”, según comenta Ignasi Ragàs, autor del artículo.
Va de peligros asociados a la deriva actual del comercio marítimo. Un primer dato es que en 2018 y 2019 se cayeron al mar unos 1400 contenedores de media anual, pero es que ahora, en dos meses, se han caído al mar del orden de 2700.
Estas caídas suelen deberse a cargas mal equilibradas, pues no es nada fácil repartir los contenedores de bajo peso (o ninguno: retornos de envase…) y a la vez respetar el orden previsto de desembarco.
Y es que los portacontenedores cada vez llevan una carga más numerosa. El otro día expresaba la fealdad de los actuales cruceros, sólo preocupados por llevar cuanto más pasajero mejor, pero algo así pasa también con los barcos fletados para llevar contenedores, cuantos más mejor. Si en 1985 llevaban el máximo que podían llevar en el Canal de Panamá de entonces (4.000 TEU -contenedores de veinte pies-), en 2020 los hay ya de 20.000 TEU, perteneciendo a unas navieras que se han ido comiendo unas a otras y, además, asociándose entre sí. Como resultado, una subida importante de precios.
En fin. Más que resúmenes como éste, que sólo hacen que sustraerle las sorpresas que depara, recomiendo vivamente su lectura.
El (hace un par de años) mayor portacontenedores del mundo llegando a un puerto europeo la ha sacado de sectormaritimo.es)

 

viernes, 18 de junio de 2021

Aumentar la población


Son tantas las señales, que me extraña que nadie salga a argumentar en contra.
Leyendo las últimas entradas de los cuadernos perdidos del Japón, de Patricia Almarcegui, me llega la última:
“El problema de la economía está en la demografía. Jamás ha sucedido algo así. El país perderá un tercio de su población en cincuenta años”.
Es igual que se refiera -presumiblemente- al Japón, con una población envejeciéndose a ritmos agigantados, porque al parecer todos ven la disminución de la población como un problema. De ahí esa medida del gobierno chino fomentando que los matrimonios apunten al tercer hijo o -sin entrar a repasar todas las otras barbaridades que supone- esa oferta de Isabel Díaz Ayuso de dar directamente dinero a las madres blancas y jóvenes.
Poco importa si la densidad del Japón sea ya actualmente de 334 habitantes por kilómetro cuadrado, si la población china alcance ahora la bonita cifra de unos 1.400 millones de habitantes o si la ciudad de Madrid ya vaya a la cabeza en habitantes, capacidad financiera e industrial de toda España, chupando de todo su cada vez más amplio alrededor.
Quizás la escritora habla no por ella, sino por los temores mostrados hasta la saciedad por los vigilantes del paradigma actual de la economía de mercado, celosos ellos de un suicida crecimiento imparable.
Todos tienen en mente que la máquina necesita cada vez más madera para seguir produciendo y parecen no preocuparse demasiado de que nos estemos quedando sin bosques para su extracción.
Con mirada de conmiseración si pones una mínima objeción al razonamiento te dirán que -tomemos el caso de China, con su política reciente de incremento de la población, después de haberla contenido con acierto, o mejor del Japón- conviene tener mucha gente joven nueva para trabajar y pagar que puedan seguir viviendo los viejos que van a ser mayoría. Pero eso ¿no es la huida hacia adelante? ¿No necesitarán esos nuevos habitantes a su vez más nuevos nacimientos para que se les ofrezca a ellos mismos otro tanto? Con la concentración de la población en la línea sur costera del país, ¿ya podrán vivir ahí apelotonados?
¿No quedamos en que la automatización e incluso la digitalización iban a hacer -ya está haciéndolo desde hace tiempo- que sobren trabajadores, que mucha gente ya debería ir contando en dejar de pensar en encontrar un trabajo, y más si está mínimamente remunerado?
Por el contrario, ¿no es la concentración y aumento de población uno de los más dramáticos problemas con los que nos hemos de enfrentar? Si alguien no está convencido, que mire los nombres de las 100 ciudades más pobladas del planeta (se llevará alguna sorpresa) y luego investigue cómo vive la gente en ella, como pueden -si pueden- desarrollar la vida en ellas.
Jordi Pujol -y sobre todo su mujer- también era partidario de fomentar la descendencia de los catalanes de ocho apellidos, para así en el futuro no dejar diluir la esencia en medio de una inmigración constante. ¿No habría llegado la hora, pues, al contrario, de parar un poco los excesos natalicios y concentrarse en lo que realmente importa: una buena distribución de la población, recursos, etc.
Ahora que vuelven a venir los cruceros, aunque aún sea con medidas algo descafeinadoras, sería buen momento para ponerse a ello. Si alguien no piensa en este sentido, le puedo obtener una visita, una noche cualquiera, a casa de unos amigos que viven en el Passeig del Born. Quizás esa masa de beodos celebrando su Libertad les pueda hacer recapacitar.

(Me he despistado y ahora no sé encontrar de donde he sacado la imagen para acompañar estas parrafadas soltadas así, como cañería rebosante de agua) 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...