jueves, 27 de agosto de 2020

El Pr-2

Dejemos hablar a Mauricio Wiesenthal (en su libro “Orient-Express”, en Acantilado) sobre el Pr-2:
“Inaugurado en 1955 fue muy utilizado por el general De Gaulle, gran amante de los viajes en tren, que no solo significaban para él un medio de llegar a los más apartados rincones de Francia, sino también un lúcido escenario de popularidad. Todo estaba previsto en la mentalidad ‘militar’ del presidente francés; Incluso la tracción autónoma del tren, independientemente de la electricidad. El motor diésel era una garantía contra los cortes de corriente que podían producirse en un atentado, un boicot o una huelga general. El vagón, blindado y climatizado, iba aislado del resto del tren, comunicado solo por teléfono e interfono con los servicios de seguridad.”
Sigue luego hablando de la distribución y decoración interior, pero las fotografías que he obtenido no acaban de dejar en muy buen lugar el gusto del general. Otra cosa sería el Nostalgie Istambul Orient-Express (última foto), pues dice Wiesenthal que ese tipo de wagon se remodeló recientemente para ese uso.
Las fotos las he sacado de las páginas web de Marc-André Dubout, E-Bay, la SNCF y el museo de Mulhause, a donde se ve que fue a parar el vagón.


En el museo de Mulhouse.

Ahí se ve bien algún elemento del blindaje.

Una sala del coche, que más bien parece de una tienda africana.

Parece corresponder al mismo sitio (o a la otra punta del vagón). No sé. A mi me parece más bien que denota una cierta idea del confort estilo clase media francesa.

El vagón recuperado para el Nostslgia. Una recreación de la idea del Orient-Express, dedicado a viajes hasta Venecia.
 

lunes, 17 de agosto de 2020

Juan March


“La cabeza, la cabeza. Haced lo que queráis con mi cuerpo, pero no me toquéis la cabeza”.
Otra figura recordada por Josep Pla en “Retrats de passaport” es Joan March. Se trata de una nota que da cuenta de su muerte en un accidente de automóvil (1962) y explica que “Era l’home més ric d’Espanya. Per evitar reticències i hipòtesis agrament formulades, la censura d’Estat ha donat una biografia oficial, que els diaris han hagut de publicar”. Luego cuenta alguna cosa sobre en Berga -el mote con el que era conocido en las Islas-, aunque se centra principalmente en la descripción de su aspecto físico, al tiempo que establece toda una teoría sobre la realidad y las leyendas.
Joan Margarit, hablando sobre los veranos que con su familia pasó en Campanet (Mallorca) nos explicaba que uno de los miembros de la tertulia que, espontáneamente, se formaba por las noches en su vecindario, era “l’amo Andreu”, un curioso personaje que, según decía, de joven había ido a pedir trabajo a March. Éste le preguntó entonces si quería ser carabinero o contrabandista, puesto que dominaba las dos áreas... Escogió lo segundo.
La frase con la que he encabezado esta entrada corresponde a la que, según leyó Carlos Saura, repetía incesantemente Joan March cuando le intentaban sacar de entre los hierros retorcidos de su coche accidentado. Fue a partir de ahí que enfocó la creación del personaje interpretado por José Luis López Vázquez y las historias montadas a su alrededor en “El jardín de las delicias” (1970), una película del primer Saura que siempre me ha atraído un montón.


 

sábado, 8 de agosto de 2020

Desde Auchswitz


En Euronews, está pasando esta pequeña gran entrevista con Liliana Segre, quien estuvo en Auchswitz de los 13 a los 15 años. Habla a unos 89 años que a ver a quien no le gustaría alcanzar con su lucidez y serenidad.

https://www.youtube.com/watch?v=AKEs6Jlac3E
 

Censuras serviciales nefastas


No estamos bien. No es necesario que escriba yo por aquí para que se descubra. A cualquiera se le ocurrirá inmediatamente una serie de argumentaciones para razonar lo que digo. Pero es que, además, cuando se dan ciertos pasos para, aparentemente, ir contra una de las muchas lacras existentes (más atinadamente: para hacer ver que se hace algo contra ella), pues resulta que el tiro sale por la culata, o tiene más consecuencias negativas que positivas.
Sabe mal poner un ejemplo personal, porque da la impresión de que solo participo en el nutrido gallinero de quienes reclaman de lo suyo, pero es lo que tengo más a mano.
El jueves fui a comprobar una cosa en Facebook y me apareció un mensaje diciéndome que habían restringido por 24 horas mi uso de Facebook, porque (como dice la frase de arriba de la captura de pantalla que saqué ayer, unas horas antes de finalizar ya el plazo del castigo) un comentario que había escrito incumplía “las normas comunitarias contra el lenguaje que incita el odio”.
Quedé muy sorprendido, pero igual que en la ocasión anterior en que sufrí la censura del sistema (que queda reflejada en la parte inferior de la imagen, correspondiendo al año pasado) no hubo forma de que me enseñaran la fotografía que había llevado, con amonestación, a la retirada de mi entrada (una fotografía para ilustrar el comentario sobre Swazilandia, en la que en un último plano se veía el pecho de una de las componentes de un grupo de danza tradicional del país, creo que sacada de su web de turismo), en esta ocasión sí me repetían mi comentario, que recordé inmediatamente.
Me las prometía felices, porque el sistema parecía ofrecerme un camino si no estaba de acuerdo con la decisión. Efectivamente, podía poner una cruz en “Admitir la sanción” o bien algo así como “No estar de acuerdo con ella”. Puse la cruz en esta última casilla, para al menos explicarme.
No obtuve lo que quería. Me salió, por otro automatismo como el que había ocasionado mi “restricción en el sistema”, en vez del esperado cuadro donde explayarme, un mensaje que decía que, debido al coronavirus, seguramente no podría ponerse en contacto conmigo nadie de la Compañía. No es la primera vez que veo ponen al coronavirus como culpable de que no se siga un procedimiento adecuado. Hasta he recibido notificaciones de ciertos servicios que, en vez de decir, como cada año, que se van de vacaciones y vuelven en septiembre, tienen la jeta de decir que, por nuestro bien, para resguardarnos del coronavirus a nosotros y a sus trabajadores, no nos atenderán personalmente hasta septiembre...
Quizás sí que alguien -o un software más sofisticado- tuvo tiempo de ver mi reclamación, porque vi más tarde que me volvían a decir que confirmaban la sanción. Quizás era eso “ponerse en contacto conmigo”.
Pues no. No estoy de acuerdo con toda esta parafernalia que se ha puesto en marcha para -vamos a pensar que es eso- acabar con la incitación al odio a través de suprimir ciertas cosas del lenguaje, como si así se fuera a acabar con todo ello, en vez de ir a fondo, con recursos, con medios eficaces, a establecer una buena, sólida y expandida educación.
Mucho menos estoy de acuerdo con los automatismos, con los programas automáticos implantados por todo tipo de empresas no para “ponerse a nuestro servicio”, como suelen decir, sino para ahorrarse personal de contacto, con los que hablar directamente en caso de necesidad, de ser humano a ser humano.
Y, desde luego, he sufrido en mis propias carnes el peligro de esa práctica tan habitual de sacar frases de su contexto. Mi frase no sólo estaba entrecomillada, para dejar claro que se trataba de la elocución de otras personas, sino que formaba parte de un comentario en el que la igualaba con toda otra serie de frases de un “post” de otra persona que tenía por objetivo levantar las sospechas ante ciertas frases que, efectivamente, delataban un latente, evidente racismo.

 

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...