Una buena serie de posiciones encontradas se debían dar ante la puesta en marcha del ferrocarril durante el siglo XIX. Por un lado es evidente que el ferrocarril hizo accesible el viaje a muchísima gente que antes lo tenía vetado. Por otro lado, si ahora nos quejamos del impacto ambiental que suponen ciertas obras, qué no sería entonces esa profunda zanja que surcó y partió irremisiblemente en dos los valles de todo el continente... Por no decir la humarada brutal que, quizás vista alegremente como signo de los tiempos modernos, llenaba los pulmones de la poblacion de porquería.
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