Ya colgué la primera foto, que obtuve en Santiago de Compostela. La vuelvo a poner para ilustrar que, si uno fuera crédulo, creería en una salida consensuada airosa, razonablemente buena. Pero no se puede cambiar de naturaleza así como así. Esa vía me está vedada.
Por otro lado, como sí que fui criado en todo eso de la religión católica, recuerdo que por ahí había el sacramento de la confesión. Se dice que estamos en un país mayoritariamente católico. Me encantaría oír pues de los que nos han metido en todo este embolado, por uno y otro lado, tras un análisis de contrición que creo que se decía, una migaja, aunque sólo sea una migaja, de asunción de culpas y confesión pública de las mismas. Porque de eso, hasta el momento, nada. El otro día entré por primera vez en mi vida en la iglesia de Barcelona (no asustarse: sólo para curiosear) de la segunda foto y vi que estaba repleta de confesionarios. Por si ayuda a dar el paso.


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