viernes, 4 de diciembre de 2015

Los croissants chafados de Sabadell


No son exactamente iguales, pero sí son también buenísimos. Cerró el Forn Sant Jaume y Sabadell perdió uno de sus máximos atractivos: los croissants de esa cafetería de la Rambla. Hay otras opciones hasta más sanas para desayunar, pero esos croissants no tenían igual. Tenían un cuerpo desproporcionado, casi enano respecto a unos cuernos enormes, aplastados y crujientes. Lo ideal para aquellos que, apreciando el pan interior de un croissant hecho recientemente, se pierden por sus cuernos y siempre andan mendigando uno.
Solicité en varias ocasiones a mi corresponsal en el Vallés que averiguara a dónde habían ido a parar esos croissants, que debían proceder de un horno que no tenía por qué haber cerrado. No daba con ellos, hasta que esta semana me comunicó por sorpresa la buena nueva. El aprendiz del que hacía esos croissants del Forn Sant Jaume había pasado a elaborar los del Culleretes, en la misma Rambla, más abajo. Su perímetro y proporciones son los mismos. Sus patas, aunque siguiendo el mismo concepto, pues se abren igual, no están tan aplastadas, y sus capas se elevan perpendicularmente. Eso hace que puedas mojar en el café con leche cada cuerno del croissant unas cuantas veces, ofreciendo una ingesta quizás algo más consistente.

Se acabó el hacer bondad, intentando evitar un buen barrigón. 

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