jueves, 3 de abril de 2014

En el relojero


Ayer me hice amigo del relojero de mi barrio. O, cuando menos, aprendí de él un montón de cosas. “No suena la alarma y ahora he visto que retrasa; quizás sea la pila”, le digo. Se lo queda mirando a media distancia, muy concentrado y responde con seguridad: “Sí, la pila se está acabando”.
Me ve entonces con tal cara de pasmado, boquiabierto, que añade:
- Fíjese que en este segundero (uno que nunca miro) la aguja salta ahora de dos en dos, en vez de hacerlo de uno en uno. Es la forma que tienen de avisar que a la batería le queda poca carga. Sólo hacen eso los relojes suizos (me entero entonces de que mi reloj es suizo).
Se pone a abrirlo y, tras sacar la batería antigua, continúa descubriéndome mundos inexplorados:
- Esta batería se la pusimos aquí hará unos dos años.
- ¿Le ponéis algo dentro? – inquiero, sin conseguir dejar la boca cerrada del todo.
- Sí. Tenemos estos métodos.
- Eso es lo que se le llama una cookie –le suelto yo, para que vea que estoy bregado en nuevas tecnologías.
Como también le pido un cambio de correa, me extiende el muestrario de color marrón. No encuentro ninguna igual, pero escojo una más o menos parecida a la que llevaba, quizás más viva, que se pone a instalar.
- Ésta que saco también se la vendimos nosotros.
- Sí, lo siento: Soy gente de costumbres.
- Siga así, que va bien. Yo también. Con decirle que toda mi vida he ido al mismo peluquero…
- Yo no fallé al de mi barrio de infancia. Fue él que se murió.
Porque llegaba tarde a una cita, que si no me pongo a explicarle mi teoría del peluquero de barrio como espejo, que saqué tras la contemplación de “Le mari de la coiffeuse”. Me dice cuánto le debo y me lo redondea bien redondeado a la baja.
- Por habitual – le digo agradecido, despidiéndome.
- Eso es, agradecido.
- Agradecido yo, por aprender tanto del estado del arte, los avances técnicos de todo esto.
(De la fotografía que pongo -el que sale no es mi relojero- sólo sé que es de un tal Antonio, y la he sacado de un fórum de “digireflex.net”, dentro de un trabajo colectivo que hicieron sobre el relojero del barrio, parece.


 

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