martes, 1 de marzo de 2022

RT


Decía que, pertrechado de un ‘detente, bala’, estos días había navegado en varias ocasiones por los canales raros de la tele, hasta dar con las noticias de RT, la cadena rusa en español.
El choque era fuerte, dando pie a buscar en Internet quienes eran esos ‘expertos’ que aparecían dando su opinión sobre lo que está sucediendo en Ucrania, pero combinando lo que por ahí pescaba con lo que nos dicen los enviados especiales desde los sitios donde les dejan estar los militares ucranianos (poco más: procuro huir de la avalancha de tertulianos y expertos de hace tres días que salen como champiñones por todos lados, repitiendo dos o tres cosas hasta la saciedad), me da la impresión de que me hacía mejor cargo de las olas que se mueven por superficie y subterráneamente por ambos lados y -ahí lo importante- de la situación real de una guerra de la que, en la era de las comunicaciones, no llegamos a ver casi nada.
Ahora la Unión Europea ha eliminado esos canales por los territorios de sus países, diciendo que sólo hacían que manipular. Me sabe mal, porque tampoco me creo a pies juntillas todo lo que nos hacen llegar por este lado y me he quedado sin la posibilidad de la prueba del algodón que representaba.
Una medida de este tipo me da que supone una bajísima consideración de la audiencia, tildándola de incapaz de matizar lo que se le ofrece a lo bestia por ahí. Puede que lo sea, pero precisamente eso debiera ser entonces lo que me parece a mí que se debiera combatir.
¿Cómo? Mediante la potenciación de la labor periodística de verdad, persiguiendo el bulo, la aportación de voces de diferentes colores y hasta disidentes para confrontar mensajes, etc. Justo eso de lo que nos vamos alejando cada vez más.

 

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