Dejé de leer cotidianamente el periódico por enfado debido a la deriva de la línea editorial del que me parecía el mejor de todos. Ahora apenas si veo los titulares de algún telenoticias y, si veo luego el cuerpo de las noticias anunciadas, me pongo de los nervios comprobando que sólo hacen que repetir, con algo de paja, el titular previo.
Construir un mínimo criterio personal sobre enormes conflictos actuales a partir de tan ridícula información es imposible. Sólo alcanzo a malhumorarme descubriendo lo chapuceramente que los medios de comunicación sustituyen la información por proclamas partidistas, ofreciendo las teóricas razones de un único lado y los teóricos agravios del otro lado sin confrontar con las argumentaciones contrarias.
Un caso candente es el del supuesto conflicto Rusia-Occidente, centrado en el supuesto peligro de invasión de Ucrania por parte de la primera. No digo que Putin (estas cosas siempre se personalizan en estas deficitarias fuentes de noticias de que hablo) sea una hermanita de la caridad a la que hacer caso a pies juntillas, pero me enervo al oír sólo hablar de la acumulación de tropas rusas en la frontera con Ucrania sin oír nunca, en reciprocidad, de las acciones “de Defensa” (utilizo el término al que se suele dar para las acciones de la OTAN). Como me molesta un montón que no se pongan en evidencia los intereses económicos y estratégicos que, además del asunto militar, están en juego.
No sé si en los medios impresos es referencia continua, pero por televisión apenas he oído hablar de los proyectos y ejercicios de aprovisionamiento energético de Occidente para la zona, con el gaseoducto alternativo de Rusia a Alemania directo por el mar Báltico, que no se acaba nunca por presiones a Alemania, mientras que el aprovisionamiento de gas licuado norteamericano, inexistente hace poco, va viento en popa.
Pero es de otro tema -similar- del que quiero hablar aquí, y que compete en este caso nada menos que al conflicto entre Marruecos y Argelia por el Sáhara Occidental. Leyendo a Enric Juliana en el Política & Prosa de diciembre me entero de los múltiples proyectos para hacer del Sáhara una fuente primordial de energía eléctrica. En el Sáhara (y alrededores) hay amplios espacios, viento y sol, lo que permite hacer allí enormes parques de energía eólica y solar. Tanto es así que Argelia tiene claro que en un próximo futuro podrán sustituir por ellos a sus actualmente tan rentables yacimientos de gas natural.
No es nada que se deba ver como muy lejano. Los países occidentales se han comprometido a cambiar a corto plazo energías de origen fósil por renovables y deben moverse en este sentido. Marruecos ya ha llenado amplios espacios del sur con placas solares y molinos de viento. Y por internet he visto una publicidad muy bien hecha (de donde he sacado las imágenes) de Xlinks, un proyecto británico, por el cual se van a hacer unas conexiones submarinas brutales, siguiendo la costa africana y europea, para llevar la energía generada en Marruecos hasta las Islas Británicas.
Quizás es también algo que puede irse viendo evolucionando día a día en la prensa diaria, pero como tomé esa decisión de abandonarla, pues me caigo del burro repentinamente.







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