domingo, 2 de marzo de 2014

Puertas giratorias


Por ahí llega la imponente figura del portero uniformado de “El último” (Murnau, 1924).
Ahora el concepto ha adquirido popularidad en plan metafórico: Un político sale por una puerta y -¡blop!- aparece por el otro lado convertido en consejero de una compañía eléctrica. Yo iba por su consideración arquitectónica: La puerta giratoria evita molestas corrientes de aire sin necesidad de un amplio espacio para que, mediante una doble puerta, cuando alguien entre desde el exterior, no abra la segunda hasta el momento en que la primera ya esté bien cerrada.
Santiago Molina, en su “Múltiples estrategias de arquitectura” (Ediciones Asimétricas, 2013: Aún sólo yendo por su cuarta parte, ya tengo más que suficientes motivos para recomendarlo como libro de reflexión sobre estas cosas) aporta una jocosa idea sobre su origen, que sirve para hablar, al tiempo, de ciertos de sus inconvenientes:

“La puerta giratoria es un invento de los bancos de Chicago para evitar que los atracadores irrumpieran con las metralletas apuntando directamente al personal. La puerta giratoria les obligaba a entrar con el arma apuntando al techo o al suelo. Y de uno en uno. Esta ‘boutade’ de Fullaondo, cuyo conocimiento debo a un gran amigo, es seguramente falsa, pero no por ello deja de ser el motivo más respetable para tan fabuloso objeto.” 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Viendo tenis en la tv

Ayer, cansado de empezar a ver películas ecologistas que iba abandonando una tras otra al notar que no podría resistir su lección a base de ...