Lourdes Martín me ha comunicado esta mañana la triste notícia del fallecimiento de Carme Grandas.
Cuando, hace ya mucho tiempo, vi su nombre por aquí, me sonaba. Su hermana habia sido compañera de colegio de una hermana mía.
Interesado en el tema, busqué y compré un libro que presentó en su muro, sobre la Barcelona de los indianos (lo que descubrí que era escribir de prácticamente toda la Barcelona de edificios más monumentales) e hice una entrada con mis impresiones de su lectura: su agradecimiento fue enorme. Desde entonces fue una de mis principales fuentes de información sobre elementos de la ciudad. Había participado activamente en una irremplazable enciclopedia sobre el patrimonio de Barcelona, con parte de su contenido en internet, que es fundamental para el conocimiento de todo tipo de esculturas -por ejemplo- repartidas por la ciudad.
En la fotografia (de Josep Losada) que he encontrado por Internet se la ve mostrando orgullosa otro de sus libros, en el que documentó de forma extensa cantidad de proyectos monumentales para Barcelona que no se llevaron a término. Tiene en la foto una expresión muy suya.
Precisamente para explicar parte del contenido de ese libro le propusieron dar una conferencia a la que tuvo la gentileza de invitarnos. Siempre le estaré agradecido, porque, sabiendo que me interesaría el lugar, nos abrió la puerta de una desconocidísima sociedad formada nada menos que por la nobleza catalana. Así, del conocimiento de sitios recónditos, estaba lleno su mundo. Era experta, por ejemplo, en constructores de mausoleos de nuestros cementerios.
Tiempo después me volvió a invitar, junto a unos pocos más, para asistir a una de esas oportunidades irrenunciables que no pueden sino aprovecharse: se trataba de una visita, comentada por gente muy entendida, al Instituto Balmes. La visita se tuvo que aplazar, y poco después Carme entró en un duro proceso, con hospitalizaciones y enfermedades que, afectándola mucho físicamente, la fueron apartando, con sólo algún tímido momento de recuperación. Nunca más se habló de esa visita pendiente.
La última vez que quedé con ella no tenía mucha movilidad, pero iba tirando. Nos citamos en una terraza cuyo acceso le resultaba relativamente fácil, y estuvimos hablando un buen rato de esto y aquello. Tenía unas ganas locas de volver a ser ella.
Esto se está quedando de un solitario y frío muy, pero que muy tristón.

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