Un artículo escrito por Danièle Linhart que aparece en Le Monde Diplomatique de enero habla de la utilización de técnicas de Recursos Humanos en la actualidad. Poca broma: señala que “el mercado de las consultorías de RR.HH. se duplicó entre 2009 y 2019, y se prevé que vuelva a duplicarse de aquí a 2031”.
Establece un mínimo recorrido histórico, planteando la aparición del Taylorismo (“Imponer a los trabajadores los métodos que se consideren más efectivos” -la llamada Organización Científica del Trabajo-) y la paralela de las ideas de Elton Mayo, que consideraban que “basta con interesarse por un grupo de trabajadores y con introducir algunas pequeñas modificaciones (en iluminación, ubicación de máquinas, etc.) para aumentar la productividad”.
La Fundación Rockefeller -continúa- impulsó a partir de 1947 la introducción de la psicología y el psicoanálisis en los departamentos de personal de las empresas: “La idea de que se puede conseguir que los trabajadores reaccionen como se desea si se juega con su necesidad de reconocimiento es un arma muy valiosa para los directivos, que sigue de actualidad”.
Muy utilizada para motivar, el artículo también señala que “la motivación estratégica de los sentimientos” también se utilizó a fondo para lo contrario, buscando desembarazarse de determinados trabajadores. Pone el ejemplo, tristemente famoso, de France Télécom, que con el objetivo de que se fueran, sin pagar despido, uno de cada cinco de sus empleados durante su proceso de privatización, tuvo el dramático resultado que conocemos, en forma de numerosos suicidios, enfermedades, etc.
“Para sustentar estas políticas, se elaboran y desarrollan métodos y, de manera sistemática, se realizan investigaciones a través de cuestionarios internos que cuantifican la calidad de vida en el trabajo, midiendo el estado de ánimo de los empleados. Las entrevistas individuales con el superior jerárquico inmediato tienen como objeto analizar el desempeño de cada trabajador y fijar objetivos, pero también evaluar su personalidad, motivación y resiliencia”. ¿A quién no le suena todo esto?
Pido perdón a Pere López, pues se me volvió a ir un poco la mano, pese a los esfuerzos de poda desarrollados.
Para ilustrar la entrada he escogido este cuadro de Luca Palazzi, “The fly”, encontrado por la red al azar.

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