No creo que vaya a buscar y leer el libro, pero sus presupuestos me resultan sugerentes. Quizás porque apoyan un sentimiento que tengo dentro desde hace un tiempo.
En un Irrockuptibles del mes pasado David Doucet introducía una entrevista con la socióloga israelí Eva Illouz más o menos así: “Eva Illouz cuenta cómo se ha impuesto en nuestras vidas el mandato de ser feliz, hasta el punto que se hace difícil escapar de él. Desde el coaching personal a los “chief happiness officiers” que vagan por las empresas para asegurar nuestra alegría de vivir, la psicología positiva teorizada a primeros de los 90 parece haberse impuesto en todos los niveles de la sociedad. Con talento y precisión, la directora de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales demuestra que detrás de esta pseudociencia se esconde en realidad una ampliación del campo del consumo en nuestra interioridad. ¿Y si las emociones no fueran más que una mercancía como las otras?”
Comentando esto me han hecho observaciones muy pertinentes: “Está muy bien eso de ser positivo, de intentar ver la salida a los problemas y tal por uno mismo, pero también se cae en el riesgo de que te hagan comulgar con ruedas de molino sin cuestionar nada. Que desistas de denunciar las barbaridades e injusticias, ya puestos a pensar que si algo va mal es únicamente porque algo estás haciendo mal, no reaccionando de forma positiva”. Estoy muy de acuerdo: Me parece otro de estos camelos que se extienden a modo de mareas expansivas por las empresas…hasta que otra nueva corriente que venga la sustituya.

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