La mujer a la que le tomaron esta foto en un prado un día de primavera, leyendo un libro, ha fallecido esta madrugada. Se llamaba Florentina Soto. La foto gusta siempre a los que la conocieron, porque la juzgan muy apropiada: Los libros siempre estuvieron muy presentes en su vida, hasta el final.
En 1967, ya criados todos sus hijos, convenció a su marido, Ángel Gil, para poner una librería en la ciudad en la que vivían, Santander. Ella estaría al cargo de la venta de libros y artículos de papelería, mientras que él podría llevar las cuentas. La tienda, por Vargas, pasado un tiempo se trasladó ahí cerca, a la Alameda. Ella seguía, como siempre, leyendo mucho, de tal forma que la afición pasó también a sus hijos. Todos ellos, años después, trabajaban con ella, distribuyéndose las funciones en los ya varios locales repartidos por la ciudad o la distribuidora que montaron.
Cuando los hijos decidieron liarse la manta a la cabeza y comprar un magnífico local en el centro de la ciudad, en la plaza Pombo, convirtiéndolo en la más dinámica librería de Santander, llegando a alcanzar el Premio a la mejor librería cultural en 2013, ella ya no trabajaba, pero seguía leyendo y acercándose a la librería, interesada por todo.
Una biografía la suya, pues, de la que, en un día tan triste para ellos, puede sentirse bien orgullosa su familia. Y que podría ilustrarse muy bien con una foto como ésta, tan hermosa.

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