sábado, 7 de febrero de 2015

Pavimento de adoquines


Al cruzar veo que han hecho una zanja junto al paso de peatones, y que no es una zanja normal, de esas que cada dos por tres abren para hacer o revisar una conducción olvidada. Cuando la vuelvo a ver, la zanja ha dejado de ser transversal, se ha hecho longitudinal, y ocupa ya todo un carril de la calle. Han retirado la capa de conglomerado asfáltico de ese lado como si se hubiera tratado de una alfombra, y dejado al aire libre todo el antiguo pavimento de adoquines, en perfecto estado. Me pregunto qué deben estar haciendo, y si no se tratará de los preparativos de un rodaje cinematográfico, ambientado a principios del siglo XX.
Como debo ir por ahí cerca al mediodía, me las arreglo para pasar de nuevo por el yacimiento, en esta ocasión disponiendo de tableta/cámara de fotos. Pero ya es demasiado tarde. Están asfaltando de nuevo, con toda celeridad, el parche, y apenas si tengo tiempo de recoger la imagen del trozo sin tapiz de delante del camión de las obras.
El conglomerado asfáltico ha supuesto una mejora indudable para las calles con tráfico de la ciudad. Si los coches debieran rodar, en vez de encima suyo, por los antiguamente habituales adoquines, habría un ruido ensordecedor, como ese que se produce cuando pasa un carro blindado, o incluso multiplicado. Pero todas las mejoras tienen sus puntos débiles, si no sus consecuencias negativas. Las obras de construcción de depósitos intermedios para la retención del agua de aluvión se han debido hacer para evitar males mayores como consecuencia, precisamente, de la retirada o cubrimiento de los adoquines mediante asfalto. Con adoquines el agua se filtraba en mayor o menor medida entre una y otra pieza, de forma repartida. Con el asfalto, y con los nuevos pavimentos asfálticos, la escorrentía es casi del 100%, y una trompa de agua suponía un peligro de acumulación insostenible en determinados puntos. Cosas (y desvaríos…).

 

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