sábado, 28 de febrero de 2015

Forzar a la evidencia


Mi padre, jovencito salvado in extremis de la quinta del biberón, iba cada mes al consulado británico (¿o era al British Institute?) y volvía a su casa con el The Illustrated London News bajo el brazo. En esa revista, plagada de fotos y –sobre todo- de dibujos de color gris y marrón, siguió de cerca todos los avatares de la II guerra mundial. Quiero creer que fue ahí donde debió ver imágenes similares a ésta. No obstante, más que la imagen, que me la formaba yo en la cabeza, le recuerdo explicándonos con admiración la idea de los americanos –porque fue idea americana- para acabar con esa postura de la población alemana vecina a los campos, que aseguraba no haberse enterado de nada. Formaron largas colas y organizaron visitas colectivas, obligadas. Nunca más podrían decir que no supieron lo que pasaba ahí dentro.
 

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